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Cedí el paso

Otros van más rápido que yo. Me hago a un lado porque ya conozco el camino. Ellos apenas lo cruzan por primera vez, llevan en sus piernas el fervor de la novedad. No me alarmo, ya entendí que me sobrepasan, me eclipsan, que me sobrevivirán. Después de todo, de tanto que me negué, no es tan difícil ser viejo, no es tan arduo aceptarse limitado, vulnerable y más pasado que presente. Sigo la senda. Voy a mi ritmo: ya aprendí a querer mi camino.

Soñadores en Vida para todos (Comuna 8 - Medellín)

Los sueños de una de las participantes en Vida para todos. Lo compartí con mis colegas de trabajos diarios. Y aquí también lo quiero dejar.  (Se que el nuestro es oficio cotidiano. Y que esto es paisaje. Pero hoy tuve que escribirlo, quizás como necesidad y desahogo). Feliz tarde, Carlos M. __ ¿Cómo contar que parezca sincera y colorida la historia de unos niños que se graduaron hoy de soñadores en Caicedo pese a que una de ellas me diga, sin asomo de pasmo, "Es que a mi tío lo van a matar, a él ya le tiraron un petardo a la casa en la que vive, entonces eso tiene muy triste a mi mamá"? Me responde una colega: Omites al tío u omites lo de 'soñadora'. O no haces la historia. O dices que estamos tan jodidos que una niña puede soñar al tiempo que habla de muertos como de juegos con muñecas. Yo quisiera que los colores se mezclaran, al fin y al cabo el negro y el blanco son sumas de colores. Mezclarlos finamen...

La tienda de doña Esther

Aún recuerdo el cáncer que la tiró a la cama, la delgadez con que terminó sus días comparada con el bulto que comenzó a crecerle en el cuello, hasta romperle la piel. Mi madre la auxilió, la limpió y la trató con amor. La tendera del barrio, la de gafas gruesas, pelo grisáceo y palabras pronunciadas con enojo y cariño, murió postrada en una cama. Fue de las primeras en llegar al barrio, adecuó con los años y el desempleo una tienda en uno de los cuartos. Nos fiaba porque confiaba en nuestra honradez. Mi madre, cada mes, se quejaba de las 'grandes' cuentas que dejábamos allí: mucha Coca-Cola, leche y muchos chicles. Fue con ella con quien aprendí el valor del dinero y de la costumbre. Aun cuando no estaba saludaba... -Buenas doña Esther, me hace el favor y me da... Y se los apunta a mi mamá. Compré motitas de 100, bombones arco-iris, chicles de 50 (cuál de ellos más duro) y pagaba con el billete verde de 200, el amarillo con naranja de 100 y el azul, como de muerto, de...

Con el tiempo (no necesariamente con los años)

 A Natalia Garzón, que me dio la idea sin darse cuenta. (Septiembre 15 / 2011) Con el tiempo uno se da cuenta que no es tan inteligente como creía, tan arriesgado como soñaba; tan independiente como se mostraba a los demás. Con el tiempo uno se da cuenta que no es tan fuerte, que en muchas ocasiones se convierte en lo que critica y que se saca del mundo creyéndose "otro" cuando, simplemente, hace parte de los otros en general:  cae así en el autoseñalamiento y la autocriticadera sin saberlo. Con el tiempo nos miramos al espejo y nos decimos que así fue mejor, que todo en la vida sucede por alguna razón (la cuestión es que casi nadie la encuentra) y que "al que le van a dar le guardan" -y ante eso podemos seguir maquillándonos sin que se se suba el rubor-. Con el tiempo, no necesariamente con los años, uno entiende que es mínimo el mundo que tiene en sus manos porque no siempre se está donde se quiere, ni se comparte con quien se anhela, ni se ama con quien ...

Lo que me recordó el río

Pretendo volar y más hondo caigo, disfruto el vacío que parece sin término y reitero que no hay que pensar mucho si quiero correr el riesgo, y siento que vale la pena. Disfruto del río, me hago uno con él en sus aguas. Soy lo que la corriente quiere que sea, y también lo que quiero que sea de la corriente: alejándome de ella o aferrándome a las piedras. Otros, como yo, se surten del río que no es exclusivo, que recuerda que nada es exclusivo: si llegás a creerlo es porque no recordás que tiene nacimiento y desembocadura, y vos sos simplemente un punto en ese camino. Este río y estas piedras me antecedieron y seguirán allí cuando ya no exista (así sean otras piedras y otras aguas las del río). Sin embargo, son frágiles y dependientes. Mínimas gotas de lluvia son capaces de volverlo turbio, restarle belleza y quitarle la tranquilidad con que fluye. Igual las rocas, que lentamente se erosionan. El río carga con lo bueno y con lo malo: agua de manantial, troncos de árboles muertos, d...

Ya casi se me vencen los boletos

Quiero dejar olvidos en tu cuerpo y hacerte cosquillas en los pies con mis nostalgias Anhelo tu sonrisa con mi desgracia y el llanto que antecede la esperanza. No dejaré huellas: voy y vengo A lo sumo un rasguño, una cicatriz, un vago recuerdo Soy pasajero, no lo olvides y ya casi se me vencen los boletos.

No tiene título 1

"Habrá tiempo", me dijiste con una certeza abrumadora. Como si en tus manos estuviera controlar las horas. Casi te pido que me incluyeras en tus certezas, como una duda. Casi te digo que perdemos el tiempo por jugar a ser grandes, a cumplir con responsabilidades y obligaciones. Habrá tiempo, si somos sus dueños. Ya no somos los niños que un día jugábamos basket y la máxima ilusión del momento era ganar el partido y jugar bien. Nos conocemos de antes pero no somos esos que conocimos. Y vivimos juntos, pero nunca intuimos la presencia del otro. Hoy hubo tiempo de encontrarnos. No quería dejarlo por la simple razón de que no sé si mañana habrá tiempo.