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Mostrando las entradas con la etiqueta muerte

No temas

No temas ni en tu mente ni en tu cuerpo.  Los monstruos los crearon otros, y tú te encargas de alimentarlos. Invítalos a tu mesa, escúchalos, dales posada por máximo 3 noches, que vienen cansados de otros viajes, pero no te quedes con ellos. Que no tema tu cuerpo sentir la máxima alegría y el más hondo dolor. Que no tema mi mano escribir lo que cree y siente sin velos: entre más desnudas las ideas y sentimientos que comparto con los otros, será mayor mi tranquilidad. El miedo con los otros se reduce con las normas y los acuerdos. El miedo interior con el "nosce te ipsum". Entre más pura la palabra, y más certera su expresión, más cerca estará la correspondencia entre interpretación y realidad. No temas. Nada. Que la vida es una e incluye todo. Agradece las bendiciones, acepta los malos tiempos y circunstancias: todo está incluido en el mismo viaje, del que no saldremos vivos. Temor, tal vez a un hijo, porque los pañales y la leche están muy caros. De resto,...

Ejercicios de escritura (5 días)

Día 1  La solidaridad se está acabando: al últmo entierro solo fuimos cinco pensionados, cuando él era conocido de todos y era hijo benemérito de Rionegro. Por eso es que yo no creo en eso del correo electrónico, es mejor la llamada para avisarle a la gente cuando llegan este tipo de noticias. En la Asociación nosotros tenemos presupuestados entre 4 y 5 muertos al año. Cada vez que alguien muere, le entregamos a la familia los 350 mil del seguro, y luego las acciones o parte de los aportes que hicieron. Claro que también a las viudas las invitamos a afiliarse, algunas aceptan por los paseos, las actividades y las brigadas que hacemos. Se han dado casos en los que las viudas han conseguido novios, porque aquí a todos los acogemos. Incluso visitamos a nuestros socios lisiados, o en franco deterioro.  Lo hacemos por el siguiente será cualquiera de nosotros.  Día 2 De alguien que no vende su conciencia Tiene la fortaleza de aquellos que aceptan y...

Al campo regresamos por la muerte

Los desterró cariñosamente del pueblo para que fueran otros, mejores a los que ella crió entre montañas. Su amor de madre le mostró que la casa se iba agotando mientras crecían, y que los hijos podían dar y recibir mucho más de cuanto estaba en sus manos.  Los empujó para Medellín, a que estudiaran y terminaran de formar su carácter, pero ella aferraba su vida a la casa y al balcón en el parque del pueblo, el único en Antioquia que cambió a Bolívar por un marrano. Junto a ella quedaron el esposo y el hijo que la lloraría desconsolado. Nunca le gustó la capital donde terminaron casi todos sus hijos –ya cuarentones– convertidos en profesionales, hombres y mujeres trabajadores, honrados e innegociables en principios y sueños. Gente feliz que no tardó mucho en regalarle nietos que, desde lejos, siempre llegaban a la casa para alegrarla. Su alegría también era este refugio: zaguán fresco, patio lleno de flores y paisaje de montañas. Aún enferma, esperaba la mínima...

Declaratoria de supervivencia (ya es asunto del pasado)

-¿Cuál es su nombre? -Margarita Restrepo. Un escalofrío le subió por la espalda a la despachadora de los jubilados, quien atiende a esos que cada tres meses se reúnen en un salón amplio y lleno de sillas a certificar que están vivos. A recibir una liquidación y a firmar la supervivencia porque llega una época en la que no se vive -sino que se sobrevive- y eso hay que demostrárselo al mundo. La despachadora entendió que no era un espectro. -¿Cómo así?, ¿se murió Margarita Restrepo? Dijo su homónima, dos años más joven. -¿Usted la conoció? -Claro, como era de animada. Siempre nos llegaban trocados los papeles a la clínica. El encuentro cada tres meses es la oportunidad de tomar tinto y hablar de la vida, de las compañeras y compañeros, de la placidez y tranquilidad que les tocó en suerte. Del goce que ahora tienen que certificar.  Con los años los jubilados miran a su alrededor y observan con angustia o con indiferencia, según se vea la muerte, que están solos, que lo...

La tienda de doña Esther

Aún recuerdo el cáncer que la tiró a la cama, la delgadez con que terminó sus días comparada con el bulto que comenzó a crecerle en el cuello, hasta romperle la piel. Mi madre la auxilió, la limpió y la trató con amor. La tendera del barrio, la de gafas gruesas, pelo grisáceo y palabras pronunciadas con enojo y cariño, murió postrada en una cama. Fue de las primeras en llegar al barrio, adecuó con los años y el desempleo una tienda en uno de los cuartos. Nos fiaba porque confiaba en nuestra honradez. Mi madre, cada mes, se quejaba de las 'grandes' cuentas que dejábamos allí: mucha Coca-Cola, leche y muchos chicles. Fue con ella con quien aprendí el valor del dinero y de la costumbre. Aun cuando no estaba saludaba... -Buenas doña Esther, me hace el favor y me da... Y se los apunta a mi mamá. Compré motitas de 100, bombones arco-iris, chicles de 50 (cuál de ellos más duro) y pagaba con el billete verde de 200, el amarillo con naranja de 100 y el azul, como de muerto, de...

Tres en tres

No tendré tiempo para pulirlas. Y no quiero dejar que se pudran. Aunque igual daría ponerlas hoy o en tres años. Sé que son de las cosas que vivimos todos los días, y no perderán vigencia. 1.Muero de a pocos. Mi mierda ya no tiene olor, mi aliento pierde frescura y cada vez es más difícil lavarme los dientes. Todo el día van conmigo minúsculas lagañas que mis ojos -venidos a menos- no alcanzan a ver bien. Comienza a impregnarse en mí el olor de la naftalina, el olor de virgen de iglesia que trato de evitar, que intento ocultar, que olvido porque mi sensibilidad ante los olores ya es mínima. "No te vistás con esos trapos", dice mi nieta. Me aferro al traje del pasado: nunca imaginé envejecer, menos en soledad. Hay días que, de sudadera  gris y camiseta blanca, me lleno de energía y voy a la gimnasia. Ya no bailo para seducir, me dijeron que era muy bueno para las articulaciones y para la artritis que me aqueja. No hay recuerdos que logren calmarme la angustia que me traen ...

El japonés del piano

Huyó del mundo atroz que le había tocado en suerte: más de 300 mil suicidios en los últimos 10 años eran la muestra de una sociedad enferma o, al menos, desviada. Cambió el trabajo asfixiante y la producción obsesiva por los viajes y el piano. Luego de pasar por más de 30 países arribó, en 2007, a Medellín. No tardaron en aparecer periodistas y conciertos: un pianista japonés no pasaba desapercibido en la ciudad. Masahiro Saigusa era su nombre y era oriundo de Yokohama. Le vi una vez, practicaba en un piano Steinway & Sons del Teatro Pablo Tobón Uribe. La convicción de trabajar para vivir –y no al revés como obran algunos– lo condujo a un apacible municipio del suroeste de Antioquia, donde vivió de dar clases de su idioma natal. Nunca más supe de él, pero las cifras publicadas esta semana por la Agencia Nacional de la Policía de Japón me lo recordaron. Los nipones informaron al mundo que las tasas de suicidio redujeron a sus niveles más bajos desde 2002: 30.513 perso...

Cuentos de hadas

No estoy para cuentos de hadas, para que vos creás que seré tu príncipe y vos mi princesa. Lejos los sapos convertidos en el amor de la vida y las bellas durmientes que esperan un beso sumidas en su profundo sueño. Hablame con las palabras sinceras del desengaño, con el amargo de la falsedad y de las promesas incumplidas. Mostrame tu lado oscuro, princesita rosa, que te brindaré mis besos amargos, mi voz gangosa y mi corazón marchito. No franquearé muros, ni enfrentaré monstruos, ni me batiré en batalla a muerte por vos. Create una vida, princesita, no seás la Rapunzel que espera la rescaten teniendo en su cabeza la solución; no seás la Cenicienta que huye despavorida al desnudarse su pobreza. Vení como sos, cansada por el viaje, desengañada de la vida y de los hombres, incrédula del amor y del futuro en pareja. Cargá con tu desengaño y sentate a mi lado. Prometo guardar silencio y tomarte la mano. No la sostendré por mucho tiempo, las promesas no son para siempre -de una vez te ...

Adjetivos irresistibles

Tómese como una ligereza vacacional y un juego de palabras que me regaló el diccionario (abrirlo es encontrarse siempre con una sorpresa). En el islote de un verbo que desobedece a su raíz, que libera su futuro y se deja conjugar irregularmente aparecieron adjetivos irresistibles, cortos y punzantes, que me dieron varios juegos. (Nada de religión, estoy en vacaciones). Alterniprofundo Ante lo irremediable de la muerte, y lo irresoluto del camino que debe andarse, pensé: "No hay nada irreparable". ¿Habrá herida que no sane?, ¿dolor que no pase?, ¿ausencia que no se olvide? Lo único irreprochable en este mundo que todo lo critica es VIVIR..., en altas y con puntos suspensivos. Existir en este mundo irremisible que algún día volverá a ser polvo -el hombre incluido, por supuesto-. Mañé Estoy irresoluto ante tu irresistible talle y tu irreprochable belleza. Sería irremisible perderte por mi irremediable verbosidad. Lugares comunes (tipo correo masivo) Irresistible: ...

Noche de agonía

Perdido de mi espacio digital, vuelvo a él a dejar algo escrito hace poco. Sigo con mis libretas, seguramente para después -lo que cual es un gran riesgo- porque el luego no existe en mi mundo frenético. Es noche de agonía, / momento de la última espera / solo hay tiempo de despedidas, / llantos, perdones y quejas. La fortuna es tener conciencia / llegar lúcido a la agonía / sentir el dolor, ver la familia, ir perdiendo todo lo que eras. Si no hay lucidez, ni ser, ni esperanza / si no eres ni la sombra de lo que eras / espera pronto el fin, duerme en calma / que a todos nos llega la hora postrera. Es noche de agonía / los sanos pasarán en vela / y te verán partir en soledad / como parten las flores, los árboles, la niebla. (Mayo 29.2011)