La amistad es incondicional mientras dura, o tal vez entiendo mal esas palabras. Sos incondicional para mí: a cada rato me espera tu rostro, tus palabras, tus olores y consejos. En cada esquina me rodean tus recuerdos, trampa incondicional. Tu presencia lo es: aún, sin estarlo físicamente, vivís en mí. No estás, quizás nunca más regreses, pero sos incondicional. Tal vez no pensás lo mismo, y qué más da -ya no estás, estando aquí completa-.
Caminar por Otros Caminos.