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Mostrando las entradas con la etiqueta vida

Declaratoria de supervivencia (ya es asunto del pasado)

-¿Cuál es su nombre? -Margarita Restrepo. Un escalofrío le subió por la espalda a la despachadora de los jubilados, quien atiende a esos que cada tres meses se reúnen en un salón amplio y lleno de sillas a certificar que están vivos. A recibir una liquidación y a firmar la supervivencia porque llega una época en la que no se vive -sino que se sobrevive- y eso hay que demostrárselo al mundo. La despachadora entendió que no era un espectro. -¿Cómo así?, ¿se murió Margarita Restrepo? Dijo su homónima, dos años más joven. -¿Usted la conoció? -Claro, como era de animada. Siempre nos llegaban trocados los papeles a la clínica. El encuentro cada tres meses es la oportunidad de tomar tinto y hablar de la vida, de las compañeras y compañeros, de la placidez y tranquilidad que les tocó en suerte. Del goce que ahora tienen que certificar.  Con los años los jubilados miran a su alrededor y observan con angustia o con indiferencia, según se vea la muerte, que están solos, que lo...

Mujeres anónimas y heroicas en Antioquia

Ellas viven en lugares que muchos antioqueños no conocen o solo recuerdan de oídas cuando llegan a los titulares de las noticias por hostigamientos, droga, asesinatos atroces y –en general– por   los males del conflicto que nunca vienen solos. No anhelan portadas de revistas famosas, y hacen su trabajo en silencio, humildemente. La de ellas es una lucha anónima que enfrenta al machismo que aún impera en sus tierras y que -muchas veces- va de la mano de moralismos y de camándula que se suben a los púlpitos y bajan en forma de sermones. Son dueñas de sus cuerpos, de sus mentes y de sus sueños. Ayudan a que las demás abran los ojos y dejen a sus esposos que les dan mala vida; impulsan a fuerza de terquedad y valiéndose de su saber, la idea de que las mujeres pueden -y están en la obligación- de vivir mejor. Claudia Martínez es una de ellas: jueza de Briceño alterna su profesión con el oficio de ser mamá. En su juzgado tiene juguetes y una mesa rosa para sentar a...

Bogotá-Medellín 10:58 p.m.

Portal en el Parque Nacional Natural Puracé. La foto es mía, 2012. No importa en qué lugar de la tierra estés. La vida no cambia: cumplís un rol social, un trabajo para ganarte la vida, unos vínculos que te salvan del suicidio; una muerte inminente, familia cerca o lejos, más o menos información sobre el mundo... Música, licor, sexo, hijos, vida burda en últimas... Vida elemental y básica... Controladores aéreos, meseros, azafatas, periodistas en tránsito, médicos en tránsito. Somos lo mismo. Policía vuelto empresario, empresario vuelto funcionario, funcionario público que resulta Alcalde. Ladrón que acecha, abuelo que mira su pasado y se marea en los aviones. Puta conversa, monja que se libra de la clausuara de ocho años y se convierte en vendedora de una agencia de viajes. Capitán de un vuelo retrasado, esposo que anhela a su amante; divorciado que sigue esperando a que regrese su esposa, alcohólico que ama el aguardiante, chequeo cruzado 1L-1R Activado. 'Buenas noches s...

Breve perfil (puede convertirse, en cualquier momento, en autorretrato)

Su rostro envejeció muy pronto. En un año su mirada perdió brillo, sus cachetes forma y su cuerpo firmeza. "Estoy cansada, tanto que ni me alcanzan las energías para el sexo". Cambió la voz chillona, los ímpetus de colegiala virgen y de universitaria experimentada. Le teme a ser quien era: "cambiaron mis prioridades", dice y con ello borra de un plumazo sus sueños de viajar, de escribir, de irse lejos. Antes desprendida, hoy aferrada a su novio -a quien le gustan las palabras que denotan compromiso ante la sociedad- y a sus padres, "ellos no me van a durar toda la vida". Perdió sus fuerzas y lo poco que le quedaba de memoria. ¿Último libro leído por gusto?"Siguiente pregunta", ¿última linea escrita por afición? "Siguiente pregunta". "Quería escribir, ser periodista, estar en las calles. En estos días pensaba que todavía puedo escribir... De mercadeo". Hay que acomodar los sueños cuando uno cambia la vida. Quiere familia y des...

Cartas sin destinatario

Escribí una carta y la envié al vacío, a que atravesara el océano   y fuera magullada, manoseada, revisada, transportada y sellada con la protección del correo certificado: muchos la tocaron, ninguno la leyó. No tuvo destinatario, nunca llegó a sus manos. ‘Motivo de la devolución: No reclamada’: se quedó huérfana durante 15 días en una oficina de correos con empleados paquidérmicos. Casi un mes después fue magullada, manoseada, transportada y sellada. Cruzó el océano y regresó. Sentí ganas de buscar algún destinatario para ella, que se creyera la mentira de que esas palabras escritas a mano no eran exclusivas de nadie. No. Hubiera sido demasiado. Las cartas escritas sin destinatario deben quedarse en las bancas esperando algún transeúnte anónimo y curioso, o están reservadas para ser cenizas. Más si son cartas de amor.

Instantánea y momentánea

No hay llegada ni punto de partida. Si esta vida es un viaje no sabemos si lo que damos es un adiós o una bienvenida. Desde antes de nacer venimos en tránsito, como si quisiera reiterarnos esa inquietud persitente que nos llama al descubrir diario, a perder las referencias del tiempo y del espacio. A ganar solamente las experiencias, las frágiles y momentáneas que conforman la existencia.

Recuerdos

Vestido verde, tacones bajos, 28 dientes desbordados y un cuerpo turgente. Vuelven los recuerdos, lo sabemos pero ¿vuelven las vivencias? Días que parecen años, décadas reducidas al olvido. Regresa tu danza, tu talle,                                        tu aliento. Regresas siendo otra y yo prefiero olvidar tu recuerdo.

Así serán tus piernas

Así serán tus piernas. Sin apellido ni más explicaciones. Hay que vivir sin dramatismos, el exceso de afectación es falsedad y convierte la existencia en un instante aún más difícil de lo que muchas veces es. Puede que la fortuna te sonría y que sean pocas las varices que aparezcan en tus muslos, en tus gemelos o en la entrepierna; quizás el tono de tu piel te ayude y no sean más que hilos delgados que se difuminen en tu cuerpo; o que las cremas, tratamientos, inyecciones y cirugías que inventaron te ayuden para ocultarlas -nunca serán suficientes porque el tiempo es implacable, sino pregúntenle a las mujeres esclavas de sus cuerpos-. Hoy no es tu preocupación, ocupada la mente en la celulitis o estrías, en las cicatrices y picaduras, en los morados o la falta de sol. Y tienes razón, cada preocupación en su momento. Por eso, hoy, acaricia y deja que acaricien tus piernas, lúcelas tanto como quieras, gózate las faldas, shorts, o baby dolls . Lo que sea que te permita apreciarl...