Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando las entradas con la etiqueta violencia

Nos mintieron

Nos prometieron que, con apego a la constitución y a la ley, nos protegerían. Que, al ser ciudadanos, el Estado estaría allí para nosotros porque vivíamos en una Democracia. Desde el otro lado nos dijeron que había que buscar la revolución, que el cambio solo llegaría por las armas, que era necesario rebelarse ante un estado oligarca y opresor.   Nos mintieron.   Y nos dejaron solos con el anhelo de vivir tranquilos, amando el lugar que nos tocó en suerte al nacer, disfrutando de la familia y de los amigos, de los días de sol y de lluvia, del amor como solo se entiende entre las montañas, o en los llanos, o en las orillas de los ríos y del mar. El amor de todas sus maneras y colores, en todas sus manifestaciones y con todos los seres que nos rodean.   No solo nos mintieron: nos sembraron el odio y la violencia.   ¿Qué siente alguien a quien le asesinaron a su ser amado y tiene la certeza de que no encontrará justicia? ¿Qué siente aquel que ve a sus hi...

Que no regrese el miedo a Ituango

En marzo de 2018, luego de regresar de un viaje Ituango, escribí estas líneas. Ahora, con los recientes asesinatos de dos líderes comunitarios en el municipio , volví a él, y quiero compartirlo aquí. Llevábamos dos años felices, se sentía en el ambiente: la gente ya se quedaba hasta más allá de medianoche en los parques, en la peatonal y en los bares. Estábamos haciendo trabajo rural y fuimos a veredas a 9 horas de camino, lugares a los que no habíamos ido nunca porque la guerrilla no dejaba. Sé de una mamá que vio partir a su hija a los 12 años, y que preparó el regreso que muchas noches soñó, simplemente para tenerla al lado, hacerle el desayuno y conversar un rato. Ya no iban a hablar del monte y sus azares, sino del estudio, de los amigos, del futuro porque la promesa era –y quiero creer que sigue siendo– que hay un futuro. Tal vez fuimos muy cándidos. Empezó a llegar gente rara, que muchos no dudan en tildar de “paracos” y comenzó la matazón: selectiva para darle a la...

Ella forma parte de mi esperanza

Comenzó a desabrocharse la correa y la niña –que aún no articula palabras comprensibles– estiró sus brazos intentando protegerse de lo que tenía en frente, desesperó tanto que tiró la cabeza hacia atrás dándose contra la silla del metro. Lloró, mucho más duro que antes, con unos gestos que buscaban evitar un dolor que ya conocía. A un lado la mamá, al otro el abuelo que terminó de sacarse la correa, envolverse la mano con ella y finalmente darle un “correazo” frente a todos nosotros. La mamá, mirada perdida en lontananza y un pie que movía tan rápido que parecía con voluntad propia. Un señor se acercó a decirle al abuelo que no la golpeara. La mamá le dijo que no fuera metido, que él le estaba ayudando a educar a su hija, que no podía dejar que la niña “le cogiera ventaja”. La niña lloraba cada vez más, intentaba esconderse detrás de su mamá (como si fuera una real protección), y terminó pasándose cuatro sillas lejos del abuelo que la había golpeado porque una señora, más fastidiad...

Incendian otro bus por el corregimiento El Granero de Toledo, Antioquia.

Volverán a salir de detrás de estos montes. Lo harán sin previo aviso. Alguien les avisará desde el pueblo, en Toledo, que ya va subiendo el bus para Medellín y ellos impedirán su avance en El Granero, a menos de media hora entre verdes yermos y otros más oscuros de tomateras de árbol que están en la margen izquierda del camino. Así son las cosas en el Norte de Antioquia, ayer un carro más incendiado. Hace quince días quemaron otro, y hace un mes que pasé por ese camino habían quemado otros dos con intervalos similares de una semana. Quieren hacerse notar, recordarle a la gente que están allí y que no se irán. Nada cambiará. En cambio, para algunos la vida se transforma definitivamente. Una mujer en el pueblo, a la que bajaron del bus que iba para Medellín hace un mes, dice que su hijo no quiere volver a la capital. El sonido ensordecedor de un carro explotando lo atemorizó, a tal punto, que no quiere repetir esa experiencia. Todo este barullo será mañana u...

Mil pitos a favor de las mujeres en Antioquia

Los jueces lo utilizan a diario en millones de campos de juego para impartir orden y las mujeres en Antioquia lo aprendieron a usar contra la violencia intrafamiliar y de género de la que son víctimas. Un simple silbato ha logrado evitar que golpeen a las mujeres en los campos de Antioquia, en las calles de Medellín, en los cuartos de sus hogares que dejan de ser refugio para convertirse en cárcel. Ya probó su efectividad. Rocío Pineda, secretaria de equidad de género de la Gobernación y reconocida defensora de la mujer, lo ha usado en cinco episodios de violencia de género que ha presenciado en las calles y no se ha rajado. El ruido ensordecedor los distrae de la pelea y los disuade de los golpes.   Incluso se conoce el caso de una adolescente a la que salvó de ser violada en el baño del colegio por parte de sus compañeros de clase. Su uso es sencillo y recomendable: guarde en la cosmetiquera, o en algo que siempre lleve con usted, un silbato –sirven hasta los...

La cocina, la sangre y los recuerdos

Los tradicionales Cansuizos, de Ituango.   En La Matanza crece el mejor aguacate del Norte de Antioquia, sus palos se alzaron sobre la sangre que manchó a esta vereda de Toledo, que ya no recuerda su nombre anterior ni oficial, y que decidió quedarse con el del dolor, que hoy solo sirve de referencia. -¿Y de dónde son estos ‘criollos’? -De La Matanza, allá crecían unos ‘mencos’ que no cabían en las manos, pero ya son más pequeños aunque igual de ricos. A mil pesos valía cada criollo, y de buen sabor. La historia de la matanza que le dio su nombre la pasaron de largo los campesinos mientras escogían los aguacates. Fue una de tantas que ha sucedido en esa tierra que, desde la llegada de los españoles –originalmente habitada por los indígenas nutabes– ha sufrido el fragor del conflicto. No en vano el segundo color de su bandera es el rojo. Allí, en el restaurante El Balcón, me comí la mejor arepa que hasta ahora pruebo en un pueblo antioqueño. ¿Dónde está el ...

La vida tras las ‘fronteras invisibles’ de la comuna 8

Mire aquí el reportaje gráfico de esta historia. Conductores, habitantes e instructores deportivos le hacen el quite cotidiano a estos límites de la muerte y el miedo. La Sierra, antes de las seis de la mañana, es una montaña tranquila y silenciosa. Este sector, el más empinado de la comuna 8 en Medellín, se ve a lo lejos lleno de luz por el alumbrado público. “Los ‘muchachos’ no madrugan”, advirtió un despachador de buses de esta zona desde el día anterior, y por eso reina la calma, en medio de la que bajan estudiantes con rumbo a los colegios de la zona.   “Solo nosotros sabemos cómo está todo esto, qué está pasando y los peligros que hay. En estos días hay mucha ley pero ha estado duro por el conflicto”, dice Sebastián García*, uno de los conductores de la ruta 093 de Copatra que parquea en una ‘frontera invisible’ entre Villa Liliam y La Sierra, donde dos vendedores madrugan a espantar con tinto el sueño de la madrugada.  Las rutas 093 y 094 s...