En marzo de 2018, luego de regresar de un viaje Ituango, escribí estas líneas. Ahora, con los recientes asesinatos de dos líderes comunitarios en el municipio , volví a él, y quiero compartirlo aquí. Llevábamos dos años felices, se sentía en el ambiente: la gente ya se quedaba hasta más allá de medianoche en los parques, en la peatonal y en los bares. Estábamos haciendo trabajo rural y fuimos a veredas a 9 horas de camino, lugares a los que no habíamos ido nunca porque la guerrilla no dejaba. Sé de una mamá que vio partir a su hija a los 12 años, y que preparó el regreso que muchas noches soñó, simplemente para tenerla al lado, hacerle el desayuno y conversar un rato. Ya no iban a hablar del monte y sus azares, sino del estudio, de los amigos, del futuro porque la promesa era –y quiero creer que sigue siendo– que hay un futuro. Tal vez fuimos muy cándidos. Empezó a llegar gente rara, que muchos no dudan en tildar de “paracos” y comenzó la matazón: selectiva para darle a la...
Caminar por Otros Caminos.