Estridencia, caos, desorden, diversidad, emoción, pequeñez, suciedad, vida, estilo, elegancia, pobreza, contrastes... Tantas son las palabras que le caben a esta ciudad como tantas las expresiones y los silencios que guarda, indolente. Bogotá se habita, visita, insulta, ama y padece. A Bogotá se le seduce mientras ella te coquetea. Pero cuidado, no estoy enfermo ni es fiebre capitalina. Hace frío y no tengo ansias de protagonismo. Lo que siento en esta ciudad es la tranquilidad que me produce el anonimato, saberme uno entre millones, saber que no importo, que soy nadie y que nadie me reconoce. Me gusta esta capital a ratos gris y a ratos clara. Me gusta este lugar así me sangre la nariz por el frío que corta y reseca. Sin conocerla, me gusta Bogotá, porque me atrae lo ilimitado, lo oculto, lo que está por explorarse, y esta ciudad es siempre acto en permanente potencia. Aquí todos van de afán, y muchos son hoscos y tienen rostro duro: ¿qué más se podría esperar de personas que ...
Caminar por Otros Caminos.