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Con el tiempo (no necesariamente con los años)

 A Natalia Garzón, que me dio la idea sin darse cuenta. (Septiembre 15 / 2011)

Con el tiempo uno se da cuenta que no es tan inteligente como creía, tan arriesgado como soñaba; tan independiente como se mostraba a los demás.
Con el tiempo uno se da cuenta que no es tan fuerte, que en muchas ocasiones se convierte en lo que critica y que se saca del mundo creyéndose "otro" cuando, simplemente, hace parte de los otros en general:  cae así en el autoseñalamiento y la autocriticadera sin saberlo.
Con el tiempo nos miramos al espejo y nos decimos que así fue mejor, que todo en la vida sucede por alguna razón (la cuestión es que casi nadie la encuentra) y que "al que le van a dar le guardan" -y ante eso podemos seguir maquillándonos sin que se se suba el rubor-.
Con el tiempo, no necesariamente con los años, uno entiende que es mínimo el mundo que tiene en sus manos porque no siempre se está donde se quiere, ni se comparte con quien se anhela, ni se ama con quien realmente queremos amar. La gente lo acepta a fuerza de costumbre, palabra en la que -con el tiempo- todos caemos.
Con el tiempo -y la desesperación que produce- tranzamos nuestros sueños, negociamos las esperanzas y nos quedamos por un buen sueldo, la estabilidad y la posibilidad de hacerse a una casa, a un carro, al anhelo de conformar una familia -contemplada con el tiempo-.
Con el tiempo se aletargan las piernas, se suspenden los viajes, se escriben las memorias y se va clausurando la posibilidad que teníamos de jugar con tierra y con amigos imaginarios, que nunca nos dejaban solos.
Con el tiempo palabras como quincena, sueldo, tarjeta de crédito, cuota de manejo, préstamo, capacidad de endeudamiento, impuestos, servicios, arriendo, gasolina, lluvia, madrugada y despertador, se vuelven cotidianas y aceptadas.
Nos abraza hasta tal punto el activismo que no concebimos que alguien pueda descansar mucho más que nosotros y dormirse más temprano, o levantarse más tarde; o hacer ambas sin remordimientos y más bien con el placer excelso que da la inocencia.
Ahora no hay despertar sin despertador, abrir los ojos sin tareas por hacer, pereza que le gane a las obligaciones y así, con el tiempo, nos vamos diluyendo.
Con el tiempo cambiamos de conversaciones y empezamos a acumular verbos en pasado e historias de otros momentos; historias de cuando fuimos más felices o más dignos de memoria pues, con el tiempo, nos acostumbramos a vivir de lo que pasó y no de lo que pasa, y menos de lo que luchamos cotidianamente porque pase.
Con el tiempo me miro y me extraño, y me duelo a mí mismo por el paso implacable del tiempo. Y termino por decir que sí, que es necesario aceptar que se requiere de dinero para vivir, que la estabilidad económica es esencial en la vida y que debe tenerse cierta vocación a hacerse a uno mismo rentable porque en esta sociedad, y en este mundo en particular, "sin plata no sos nadie", pareciera que no lograras ser alguien...

(Esto lo escribí hace casi un año y no lo terminé. Tiene la maldición de aquello que compartes sin terminarlo, y así se acaba, por ahora. Le falta la otra parte, lo bueno que trae el tiempo. 
Aun no llega).

Comentarios

Anónimo dijo…
Algun dia tendremos tiempo para terminar todo lo que dejamos inconcluso...posiblemente no era tan necesario en elmomento'Recuerda que lo primero es lo primero, en el orden de prioridades.
Vale el esfuerzo andar por sí mismo; la quietud es lo previo a un movimiento no inercial.

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