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Mostrando las entradas con la etiqueta pirulin con cola

Incendian otro bus por el corregimiento El Granero de Toledo, Antioquia.

Volverán a salir de detrás de estos montes. Lo harán sin previo aviso. Alguien les avisará desde el pueblo, en Toledo, que ya va subiendo el bus para Medellín y ellos impedirán su avance en El Granero, a menos de media hora entre verdes yermos y otros más oscuros de tomateras de árbol que están en la margen izquierda del camino. Así son las cosas en el Norte de Antioquia, ayer un carro más incendiado. Hace quince días quemaron otro, y hace un mes que pasé por ese camino habían quemado otros dos con intervalos similares de una semana. Quieren hacerse notar, recordarle a la gente que están allí y que no se irán. Nada cambiará. En cambio, para algunos la vida se transforma definitivamente. Una mujer en el pueblo, a la que bajaron del bus que iba para Medellín hace un mes, dice que su hijo no quiere volver a la capital. El sonido ensordecedor de un carro explotando lo atemorizó, a tal punto, que no quiere repetir esa experiencia. Todo este barullo será mañana u...

Declaratoria de supervivencia (ya es asunto del pasado)

-¿Cuál es su nombre? -Margarita Restrepo. Un escalofrío le subió por la espalda a la despachadora de los jubilados, quien atiende a esos que cada tres meses se reúnen en un salón amplio y lleno de sillas a certificar que están vivos. A recibir una liquidación y a firmar la supervivencia porque llega una época en la que no se vive -sino que se sobrevive- y eso hay que demostrárselo al mundo. La despachadora entendió que no era un espectro. -¿Cómo así?, ¿se murió Margarita Restrepo? Dijo su homónima, dos años más joven. -¿Usted la conoció? -Claro, como era de animada. Siempre nos llegaban trocados los papeles a la clínica. El encuentro cada tres meses es la oportunidad de tomar tinto y hablar de la vida, de las compañeras y compañeros, de la placidez y tranquilidad que les tocó en suerte. Del goce que ahora tienen que certificar.  Con los años los jubilados miran a su alrededor y observan con angustia o con indiferencia, según se vea la muerte, que están solos, que lo...

Mujeres anónimas y heroicas en Antioquia

Ellas viven en lugares que muchos antioqueños no conocen o solo recuerdan de oídas cuando llegan a los titulares de las noticias por hostigamientos, droga, asesinatos atroces y –en general– por   los males del conflicto que nunca vienen solos. No anhelan portadas de revistas famosas, y hacen su trabajo en silencio, humildemente. La de ellas es una lucha anónima que enfrenta al machismo que aún impera en sus tierras y que -muchas veces- va de la mano de moralismos y de camándula que se suben a los púlpitos y bajan en forma de sermones. Son dueñas de sus cuerpos, de sus mentes y de sus sueños. Ayudan a que las demás abran los ojos y dejen a sus esposos que les dan mala vida; impulsan a fuerza de terquedad y valiéndose de su saber, la idea de que las mujeres pueden -y están en la obligación- de vivir mejor. Claudia Martínez es una de ellas: jueza de Briceño alterna su profesión con el oficio de ser mamá. En su juzgado tiene juguetes y una mesa rosa para sentar a...

La Medellín que no entiendo

Cree en Dios, le reza al Diablo. Adora a la madre y se encubre en sus faldas.   No entiende razones: es el ombligo del mundo, y no admite la crítica porque aquí todo es lo mejor de Colombia, ¿o qué ciudad en el país tiene metro? Usted ya sabe de quién se trata. Viene del pueblo del azadón, del poncho y la ruana. Del negocio al interés. De la eterna primavera, la ‘tacita de plata’. Medellín, dice mi madre, no es ciega sino orgullosa de lo que tiene, y no es que le duela verse al espejo, para nada, prefiere simplemente ver lo positivo. La siento a ratos pacata, sofisticada y veredal. Hoy –si todo sale bien– será la más innovadora del mundo,   pero también es cruel. Nadie la entiende, ni los más viejos, y logra regenerarse y degenerarse a ritmo sin par. La quiero como a pocas, y la odio como a ninguna. Valoro su ritmo, a medio galope entre el frenesí y la calma; amo a sus amigos sinceros – que son pocos–, y me encanta verla florecida con sus guayacanes rosa, ...

Rima forzada (como el despertar)

(Hoy no fue un buen despertar, y estas rimas forzadas lo intentan mitigar. Lo intentan) Si a cada paso voy a tientas y el miedo no abandona mi camino Si todas mis banderas siguen a media asta y no hay júbilo que calme este sino Si sigo triste y con vida impuesta y me parecen falsas las flores, y amargos los encinos Si creo a la gente tonta y miro mi ombligo como un cretino Si escribo, siento y persisto sin cambios que iluminen el destino Dejame y gozá completa que soy un fardo, un mal bastardo, no valgo ni un pepino.

Incondicionalidad

La amistad es incondicional mientras dura, o tal vez entiendo mal esas palabras. Sos incondicional para mí: a cada rato me espera tu rostro, tus palabras, tus olores y consejos. En cada esquina me rodean tus recuerdos, trampa incondicional. Tu presencia lo es:  aún, sin estarlo físicamente, vivís en mí. No estás, quizás nunca más regreses, pero sos incondicional. Tal vez no pensás lo mismo, y qué más da -ya no estás, estando aquí completa-.

Los amantes

A mis vecinos, y su concierto nocturno. Los amantes duermen, entre el silencio y la oscuridad, húmedos aún del festín de los cuerpos. Desnudos y separados, cansados después del amor. Ya pasó. Fue fugaz. Agitación, rechinar de cama mal aceitada, gritos que hieren la noche y crispan a los vecinos que anhelan su pasado –otros su futuro–. “¡Amor, regálamelo!”. Ella es la única que grita. Él permanece en el mutismo, en el ajetreo. Parece que llegó. Parece que llegaron. Sus carcajadas burlan la muerte. Mañana despertarán temprano, cerrarán la ventana. Pondrán en orden la casa e irán a trabajar. Vestidos de uniforme, con su lonchera de almuerzo, tomarán el bus. Antes se darán un beso y hasta la noche, donde ya no habrá sexo. Juegan a ser amantes, para salvarse del tedio.

Tres en tres

No tendré tiempo para pulirlas. Y no quiero dejar que se pudran. Aunque igual daría ponerlas hoy o en tres años. Sé que son de las cosas que vivimos todos los días, y no perderán vigencia. 1.Muero de a pocos. Mi mierda ya no tiene olor, mi aliento pierde frescura y cada vez es más difícil lavarme los dientes. Todo el día van conmigo minúsculas lagañas que mis ojos -venidos a menos- no alcanzan a ver bien. Comienza a impregnarse en mí el olor de la naftalina, el olor de virgen de iglesia que trato de evitar, que intento ocultar, que olvido porque mi sensibilidad ante los olores ya es mínima. "No te vistás con esos trapos", dice mi nieta. Me aferro al traje del pasado: nunca imaginé envejecer, menos en soledad. Hay días que, de sudadera  gris y camiseta blanca, me lleno de energía y voy a la gimnasia. Ya no bailo para seducir, me dijeron que era muy bueno para las articulaciones y para la artritis que me aqueja. No hay recuerdos que logren calmarme la angustia que me traen ...

Breve perfil (puede convertirse, en cualquier momento, en autorretrato)

Su rostro envejeció muy pronto. En un año su mirada perdió brillo, sus cachetes forma y su cuerpo firmeza. "Estoy cansada, tanto que ni me alcanzan las energías para el sexo". Cambió la voz chillona, los ímpetus de colegiala virgen y de universitaria experimentada. Le teme a ser quien era: "cambiaron mis prioridades", dice y con ello borra de un plumazo sus sueños de viajar, de escribir, de irse lejos. Antes desprendida, hoy aferrada a su novio -a quien le gustan las palabras que denotan compromiso ante la sociedad- y a sus padres, "ellos no me van a durar toda la vida". Perdió sus fuerzas y lo poco que le quedaba de memoria. ¿Último libro leído por gusto?"Siguiente pregunta", ¿última linea escrita por afición? "Siguiente pregunta". "Quería escribir, ser periodista, estar en las calles. En estos días pensaba que todavía puedo escribir... De mercadeo". Hay que acomodar los sueños cuando uno cambia la vida. Quiere familia y des...

Cuentos de hadas

No estoy para cuentos de hadas, para que vos creás que seré tu príncipe y vos mi princesa. Lejos los sapos convertidos en el amor de la vida y las bellas durmientes que esperan un beso sumidas en su profundo sueño. Hablame con las palabras sinceras del desengaño, con el amargo de la falsedad y de las promesas incumplidas. Mostrame tu lado oscuro, princesita rosa, que te brindaré mis besos amargos, mi voz gangosa y mi corazón marchito. No franquearé muros, ni enfrentaré monstruos, ni me batiré en batalla a muerte por vos. Create una vida, princesita, no seás la Rapunzel que espera la rescaten teniendo en su cabeza la solución; no seás la Cenicienta que huye despavorida al desnudarse su pobreza. Vení como sos, cansada por el viaje, desengañada de la vida y de los hombres, incrédula del amor y del futuro en pareja. Cargá con tu desengaño y sentate a mi lado. Prometo guardar silencio y tomarte la mano. No la sostendré por mucho tiempo, las promesas no son para siempre -de una vez te ...